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Por la Senda de las Caravanas

La Ruta de la Seda ha seducido desde siempre a comerciantes, aventureros, escritores y viajeros. Durante siglos, las caravanas repletas de especias, seda, porcelana y té conectaban China con el Mediterráneo. Esta vía comercial que unía China con el Mediterráneo, fué utilizada desde los primeros siglos de nuestra era hasta principios de la edad moderna. Las caravanas que recorrían la Ruta de la Seda partían de Antioquía y Tiro, y a través de Mesopotamia llegaban a Irán, Khorasan, Turkmenistán y Bactriana, desde donde se dirigían a Samarkanda y la ciudad china de Kashgar ó Oashqar. En Kashgar la ruta se ramificaba:
• La vía del Norte a través de Karakorum, conducía a Karashar ó Qara Shar y Turfan.
• La del Sur seguía la cuenca del río Tarim.
Ambas rutas se encontraban nuevamente en Lob Nor ó Lob Nuur para seguir a Kancheu ó Zang Ye, Pekín, Nanjing y Hangchou.
Las dinastías chinas siempre procuraron controlar la cuenca del Tarim, para mantener el monopolio del comercio. Estas rutas comerciales permitieron la expansión de las doctrinas budistas (Siglo II) y más tarde, el nestorianismo (Siglo VII). Cuando China dejó de controlar las vías comerciales, el comercio decayó en gran medida. Durante la Edad Media, ya fuera bajo el control musulmán, turco o mongol, el comercio de productos de lujo siguió teniendo gran importancia. Los productos que llegaban de Occidente eran principalmente ámbar, coral, tejidos de lana, etc., cambiados por piedras preciosas, especias, ébano, perlas o seda.
Las ciudades de Osh (Kirguizistán), Jiva, Bujara y Samarcanda, en la actual República de Uzbekistán, recuerdan la época más esplendorosa de Asia Central, cuando las caravanas que unían el mar de China con el Mediterráneo transportaban mercancías y conocimientos.

Ver Uzbekistan ó China

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